Es nuestra casa y además da nombre al grupo. Somos el grupo scout del Colegio El Pilar de Valencia. Y tratamos de llevar esto allá donde vayamos, orgullosos de todo lo que implica. Somos parte del proyecto educativo colegial y pastoral. Y una parte importante como es la educación en el tiempo libre. Somos… pilaristas.

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Un poco de historia… exterior. La Compañía de María (Marianistas) llegó a Valencia en 1933, cuando aceptó el ofrecimiento de trabajar en el Colegio Internado Malvarrosa, propiedad de los hermanos Bataller, los dos sacerdotes. Se llevaría la dirección pedagógica nada más. No eran los mejores tiempos para la enseñanza religiosa en España. Las leyes secularizadoras ya habían suprimido los colegios de los jesuitas y la misma Compañía de Jesús. Se prohibía la enseñanza a los miembros de los Institutos religiosos. Había que “secularizarse”, por lo menos aparentemente.

Patio del colegio El Pilar de la calle Caballeros, 39

En 1935 quisieron vender el Colegio a los Marianistas, pero no hubo acuerdo. Pedían demasiado, y los marianistas decidieron retirarse. Al comunicarlo al arzobispo, Mons. Prudencio Melo y Alcalde, éste que conocía bien a los marianistas, les dijo: “Les he llamado varias veces a Valencia y no han venido. Pues ahora no se pueden ir, y deben quedarse el centro de la ciudad”. Y les ayudó a buscar un local provisional. En la calle Conde Altea 41, se empezó el 15 de septiembre de 1935 con tras clases de primaria. El Colegio se puso bajo el patronato de Nuestra Señora del Pilar, advocación muy querida del Beato Guillermo José Chaminade, que durante la Revolución Francesa, residió tres años en Zaragoza. En julio 1936 empieza la guerra civil y los tres marianistas van a permanecer ocultos durante tres años, salvando la vida gracias a don Miguel Payá y familia, unas personas sencillas que les ampararon.

Al volver la paz, se alquiló un palacio en la calle Caballeros nº 39, donde había estado el Ministerio de Agricultura del gobierno de la República durante la guerra. Al final de ese curso 1939-1940 había 167 alumnos matriculados. Al curso siguiente ya eran 241.
En el curso 1944-1945 el Colegio tuvo su primera promoción de bachilleres: once en total. Pero el edificio se estaba quedando muy pequeño. Para los deportes, que se fomentaron desde el principio, se alquiló los jueves por la tarde el campo del Mislata, a donde se trasladaban en tranvía.

En el curso 1943-1944 la Segunda Enseñanza se trasladó a un edificio de la calle Palau 14… Sólo se estuvo un curso, ya que el dueño vendió el edificio. Hacía falta algo propio. Por entonces, las religiosas de Loreto estaban construyendo su nuevo colegio en la calle Salamanca… y vendieron al Pilar el viejo caserón de la Plaza Conde Carlet. Allí se trasladó todo el Colegio y se empezó el curso 1945-1946 con 515 alumnos. Pero era una sede provisional, sobre todo al aumentar espectacularmente el número de alumnos, que se había ganada una fama de un fuerte espíritu de familia entre alumnos y profesores, buenos resultados en los exámenes oficiales y gran dedicación deportiva.

Vista de pájaro del recién estrenado edificio de Blasco Ibáñez

Había que buscar una solución definitiva. Se compraron unos terrenos en plena huerta, en el incipiente Paseo de Valencia al Mar, el nº 63, justo donde quedaba interrumpido por el ferrocarril de Aragón.En octubre de 1957 se empezó el curso con 1115 alumnos matriculados y una nueva organización en su dirección.

El 13 de octubre el Colegio apareció convertido en una isla: el río Turia se había desbordado.

Se interrumpieron las clases durante un mes; y durante ese mismo tiempo recibieron hospitalidad en el Colegio muchos de los habitantes de las pequeñas casas de campo que rodeaban el edificio del Colegio.

Desde entonces los alrededores del Colegio han cambiado. Ya no hay huerta, sino grandes edificios. Incluso han cambiado los nombres de su ubicación. Se encuentra en la esquina de la Avenida de Cataluña con la Avenida Blasco Ibáñez, nuevo nombre del Paseo de Valencia al Mar. Y su número es ahora el 35.

Ampliación del colegio actual

En 1996 se emprendió una remodelación de la parte central del edificio. Y así cuenta hoy con una hermosa capilla moderna y acogedora, un gimnasio, un amplio salón de actos y bastantes dependencias para actividades especiales.

Desde sus orígenes en esta ciudad han ido saliendo numerosas promociones de alumnos, a las que se procura ofrecer un ideal humano y cristiano, impregnado por el espíritu y la presencia de María, tradicional en la educación marianista.

Por José María Salaverri S.M. – Fuente: www.elpilarvalencia.org