En general, siempre ha parecido que el X-El Pilar es el típico grupo de colegio religioso con scouts de clase media-alta, más duchos en tareas académicas, en la creación intelectual, que en las manuales. Al principio, el escultismo creado por B-P pretendía extender los valores morales en que educaba a grupos sociales más amplios ―clases medias bajas o bajas, de trabajadores básicamente―, cuyos hijos no podían permanecer en escuelas y colegios a partir de cierta edad, por tener que incorporarse al mundo laboral. Estos grupos sociales estaban integrados por jóvenes formados en el trabajo manual y que, por laborar en talleres y fábricas, eran especialmente hábiles para construir cualquier cosa; además, podían obtener los materiales necesarios ―madera, cuerdas, metal…― con más facilidad en los lugares en que trabajaban1. Por eso, el primer escultismo insistía en virtudes como la austeridad, la fortaleza física, el aseo y la limpieza, la disciplina, la jerarquía determinada por la edad y el valor de cada uno, la superación constante de pruebas… Es lo que encontramos al leer Escultismo para muchachos…
1 Así se ve en el testimonio personal ofrecido por Enrique Genovés, uno de los primeros exploradores o boy scouts valencianos, en sus Recuerdos de un viejo explorador, cuando afirma de los rovers de su grupo que “Sahuquillo tenía un taller de estuchería y pequeñas cosas de madera; Palacios era carpintero mecánico…; Pallardó… era ebanista; Roca era dependiente de comercio y trabajaba en un almacén de mercería…” (reproducido en J. I. Cruz, Escultismo, educación y tiempo libre…, p. 172). En 1913, la primera gran exhibición nacional scout de Birmingham presentó trabajos manuales muy diversos: escultura, tejido, ingeniería, zapatería, fontanería, demostraciones de primeros auxilios, etc.
En los comienzos, el grupo debió seguir esa senda, pues no había mucha alternativa. Pero, a raíz de las divergencias surgidas en la DDE (que terminaron con la escisión de la asamblea de San Antonio de Benagéver), los grupos que no se marcharon comenzaron a adoptar la metodología francesa, que hacía hincapié en otros valores y ampliaba las áreas de progresión. Esto acercaba el escultismo a estratos sociales
más acomodados ―Francia era entonces un país bastante más desarrollado que España―, y daba pie a otras muchas actividades, entre ellas el proyecto ―la aventura o la empresa―, que estaban en la órbita de estos muchachos y jóvenes del colegio. Pero la dedicación a las tareas manuales decayó, y eso se notó en el grupo. Por eso, cuando aparecía algún “manitas”, tipo Nacho Urios, despertaba general admiración. Uno alucinaba cuando pasaba por algún campamento de los “tradicionales” (los de la zona XV de ASDE) y veía sus comedores, sus PHs, puentes de madera, hasta alguna “ciudad arbórea”, la cocina, con algunas virguerías que eran ya de lujo. También influían otros factores: muchos de los grupos de la zona XV estaban en pueblos, donde la economía y la producción eran aun muy artesanales; además, tenían comités de padres muy potentes y extensos, y ya se sabe que los padres no acampan de cualquier manera: requieren de buenas tiendas, colchones, instalaciones adecuadas y cómodas, etc. En el X, al menos en los años setenta y ochenta, la modestia era la nota preponderante en nuestras construcciones. Con todo, ¡cuántas construcciones y artefactos hemos hecho y con cuanta creatividad e ilusión las hemos inventado! Además, ¡muchas funcionaban y eran útiles!
Todo eso es ahora mucho más difícil: las normas prohíben disponer de madera en abundancia, y los agentes forestales piden cocinas chapadas con lavavajillas industriales, y comedores de obra con bancos prediseñados y de medidas estándar… La época romántica de las construcciones ha pasado a la historia…
En los primeros tiempos, la parcela de la tienda tenía una importancia fundamental en los campamentos. Normalmente se acotaba con piedras, a veces pintadas de blanco; en otras ocasiones, con cuerda de pita, o tocones y palos de madera; cuando era de toda una tropa, se construía una puerta de acceso con tres maderos y se arreglaba más.
Parcela de tropa en Uña (1967)
Dentro de esa parcela estaba la tienda y las construcciones anejas, muy variadas: el potero y platero, un madero con clavos del que se colgaban platos y potos, pero a veces era más sofisticado; la nevera: un agujero excavado en tierra y cubierto de hierba verde que se renovaba a diario para mantener fresca el agua en las cantimploras; el mochilero: con maderos a distintas alturas y cuerda de pita se hacía un soporte para las mochilas. De este modo, las tiendas quedaban con el contenido justo para la revista que hacían los jefes todas las mañanas; eran más pequeñas que las actuales y había que sacar de ellas todo lo posible para hacer espacio a manadas y tropas mayores en número que las actuales.
Otras construcciones tenían el nivel justito que las condiciones permitían: es el caso de las letrinas. Las más habituales eran dos palos horizontales, redondos y lo más pulidos posible, a diferentes alturas para sentarse, con un hoyo enorme justo debajo y rodeado de tela de arpillera para que no se vieran nuestras vergüenzas; ¡aunque tampoco era extraño encontrar a varios chavales sentados juntos haciendo sus necesidades a un tiempo! Diariamente, en los trabajos comunes del
campamento, había un sufrido equipo que peleaba con moscas, tábanos y todo tipo de insectos, para cubrir las deposiciones del día anterior con Zotal ―¿quién no recuerda su olor característico?―; incluso a veces estaba tan lleno a mitad de campamento, que había que hacer otras letrinas una vez tapada la consumida: por eso era muy importante que quienes la construyeran hicieran un hoyo bien, bien, bien ¡profundo! ¡Anda que no se sudaba al cavar durante horas! Ideábamos también formas de indicar si las letrinas estaban ocupadas o libres, mediante carteles ―libre, ocupado―, colores ―un semáforo―, etc. aunque no siempre funcionaba bien este aviso y había quien se llevaba algún amigo para vigilar que nadie molestara. Y era además en ese recinto, donde te podía pasar lo peor en el campamento, que era ni más ni menos que caerte dentro, por no estar bien fijados los troncos que servían de asiento o no acertar con las distancias correctas al sentarte.
Limpiando con cal la letrina del campamento (Uña, 1978)
Algún lobato inexperto acabó dando con sus huesos en el fondo, como ocurrió en el campamento de Cazorla con uno de cuyo nombre no queremos acordarnos, aunque él seguro que no debe haberlo olvidado…
Por eso, también había quien se perdía por el monte para hacer sus necesidades; bien cogiéndose de un tronco para agacharse y apuntar hacia atrás, o quien con una silla de tijera de la cocina sin tela le ataba dos cuerdas a los lados para que quedara fijada en posición abierta y al no tener tela en medio, la utilizaba cómodamente de váter. Pero claro, esos eran otros tiempos. Hoy día, por suerte, las letrinas han sido sustituidas por las cabinas y váteres químicos que todos conocéis, o se acampa en zonas que disponen de estos servicios; y, aunque os quejéis, son, sin duda, mucho mejores, y más cómodas e higiénicas que las antiguas construcciones.
Otra instalación importante, la cocina, hasta bien entrados los 80 no incorporó comodidades como una nevera (de gas), pilas de fregar de aluminio o carpas de lona suficientemente grandes. Hemos comido en comedores hechos por nosotros haciendo una zanja en cuadro para sentarnos dejando el suelo como mesa, también con asientos de troncos tumbados o atados a árboles. También hemos hecho puertas o PHs virgueros a la entrada del campamento. O mástiles, tótems, cruces, y hasta incineradores (cuando se podían hacer) o basureros.
Rangers construyendo la mesa del comedor (Pajaroncillo, 1977)
Lo cierto es que cuando acababa el campamento, siempre intentábamos dejar la zona en “mejores condiciones de cómo nos la habíamos encontrado” siguiendo el testamento de Baden Powell, y para ello hacíamos interminables batidas de recogida. Sin embargo, cuando hacíamos canaletas, eso era imposible: la huella perduraba mucho tiempo. Hoy está prohibido hacerlas y es que también las tiendas modernas aíslan mucho mejor que antes, cuando el suelo estaba separado del techo.
Los cachivaches sí atraían más la atención de los scouts. Como artefactos curiosos, imaginativos y de mucha creatividad se pueden mencionar los “carricoches”, que consistían en una plataforma de madera con diferentes formas ―incluso alguno con asiento―, que con dos palos como ejes, incorporaban cuatro rodamientos como ruedas y con los que nos tirábamos cuesta abajo en una competición digna de “Los autos locos”; afortunadamente no estaban Pierre Nodoyuna ni Lindo Pulgoso con nosotros, y lo peor que podía pasar era algún coscorrón que otro.
El carricoche valencianista (Colegio del Pilar, rangers, 1976)
También construimos balsas que llevaban a casi toda la tropa, mediante una plataforma de madera y bidones metálicos vacíos que hacían de flotadores: recorrimos pantanos y algún río. Mención especial merece la gigantesca balsa de material sintético que apareció entre los trastos del grupo hace décadas, y que fue jubilada hace apenas un par de años. Durante mucho tiempo la guardó la familia Llavador en su casa, y cuando hacía falta se sacaba de allí y se utilizaba, en excursiones o campamentos. Generaciones enteras la recuerdan. En 1984, durante el campamento de verano de Cazorla, una posta entera de pioneros durmió en ella una noche, en medio del pantano del Tranco de Beas. 15 años después, en Taravilla, la balsa seguía dando un juego estupendo a las tropas de rangers…
La balsa de lona, en Cazorla (1984)
Para los campamentos de Navidad en Gúdar (años 70), en la serrería de los Lluch hicimos un trineo espectacular. Ahora bien, era tan pesado que fue muy poco práctico: era más fácil subir el terraplén de nieve y tirarte con un plástico aunque acabaras empapado, que tener que subir el pesado trineo que transportábamos desde Valencia en el autobús. Menuda cara ponían los autobuseros cuando cargábamos tantísimas
mochilas en el autobús, comida de Makro, tiendas, todo tipo de material y encima ese trineo enorme ―pero magnífico―.
Un artefacto espectacular fue el telescopio hecho por la tropa “Hydra” de los rangers, en 1986. Con motivo del XXV aniversario del grupo, los rangers decidieron hacer una aventura especial, fuera de lo común. La ocasión lo merecía. Así que el día de la votación salió elegida la presentada por una patrulla que proponía explorar el cosmos con la ayuda de un supertelescopio. Ese mismo año, por primavera, visitaba la tierra el más famoso de los cometas, el Halley, y ya no volvería hasta el 2061 (no quiso perderse la celebración del primer cuarto de siglo y regresará para el centenario). ¡O se le “cazaba” entonces, o nunca! Así que empezaron a hacer el cuerpo del telescopio, un Dobson, en madera, con algunas piezas de metal construidas ex profeso; hubo que lijar, clavar y barnizar. Pero alguna vino de más lejos: los oculares, de Alemania; y el espejo principal, pulido a mano por un amigo de Iñaki Casals, hubo que encargarlo en Barcelona. Y con la excusa de recogerlo, allá que se fue toda la tropa, de acampada de fin de semana en el tren; se alojó en la parroquia de los marianistas, Sant Cristòfol, que está por la Zona Franca, en el llamado “barrio de la Seat”. Y aprovechó para visitar el Museu de la Ciència ―pionero en su época y precursor de lo que hoy es “Cosmocaixa”― y el Tibidabo. Fue una acampada especial, genial… Y el “gran boom” no fue menos: otra acampada en el monte, para ver el cometa Halley, y de paso Marte, Júpiter o los anillos de Saturno… Algún tiempo después, el telescopio desapareció de entre el material del grupo, quizá porque nadie sabía ya utilizarlo y era además un cacharro bastante grande dentro de un local de material más bien pequeñito…
Y como no todo podía ser atractivo y estético, hay que mencionar la tienda burbuja que hicieron los pioneros con un plástico enorme que trajo Juanjo Llavador, en el campamento de verano de Vinuesa, en 1980, donde los pioneros se atrincheraron formando una especie de club, peña o casal y que fue un constante conflicto-risa con el resto de la estructura organizada de tiendas del campamento.





