Los marianistas y el grupo

El Grupo X Scout se fundó en el Colegio del Pilar de Valencia, y a lo largo de estos cincuenta años, la relación entre uno y otro ha sido inseparable. Todo sea dicho, la relación de los diferentes grupos scouts de la Delegación Diocesana de Escultismo ―y luego del MEV― con sus entidades patrocinadoras ha sido bastante complicada: no pocos de ellos han sido expulsados, invitados a marcharse o, simplemente, se les ha dejado de apoyar quitándoles los locales, o dejando de apostar por el escultismo al crear otros movimientos ―como el Junior― o animando a participar en asociaciones scouts de distinto signo. En el Grupo X Scout, estos tristes acontecimientos no han sucedido; ahora bien, tampoco debemos engañarnos y debemos ser conscientes que la relación con los marianistas ha tenido sus altibajos y ha pasado desde etapas de intensa colaboración hasta otros momentos de menor implicación y hasta de conflicto.

Las bases ideológicas del escultismo en general, y las dinámicas de trabajo y las vivencias de los grupos scouts en particular, son ciertamente únicas y complejas, y pueden llegar a dificultar seriamente las relaciones con las entidades patrocinadoras. Como punto de partida, el escultismo es un movimiento educativo, y por ello se encuadra bien en colegios y centros educativos; al mismo tiempo, es un movimiento espiritual, religioso, lo que en la Europa católica lo convierte en un movimiento más de la Iglesia, ideal, pues, para parroquias y colegios religiosos. Sin embargo, no es un movimiento catequético, lo que acaba encajando mal con muchos párrocos, que únicamente buscan en el escultismo unas dinámicas para facilitar la animación de los chicos de post-comunión o de confirmación; y tampoco es un movimiento aislado, nucleado de puertas hacia dentro, que permita que el grupo scout esté al servicio de las necesidades de las entidades que lo patrocinan ―animar las misas u organizar los servicios de Caritas parroquial, por ejemplo―.

Para colmo, hay grupos scouts que tampoco han sabido ser fieles a nuestros orígenes, y en ellos se han asentado, no ya algunos scouters más o menos ateos, sino que se han creado kraales abiertamente anticatólicos, lo que ha generado una perversión en los términos que ha llevado a los colegios o a las parroquias a preguntarse: “¿Pero qué hacen estos aquí?”. Sin duda la convivencia de los grupos scouts y de sus entidades patrocinadoras ha sido, es y será difícil y compleja. Y siempre, además, habrá que añadir el delicado factor humano, ya que a veces la fuente de conflictos ha sido simplemente el carácter de un párroco o de un jefe de grupo. En ocasiones, la llegada de un cura o de un superior más o menos “carca”, o la cerrazón de un jefe de grupo poco hábil, ha llevado a la ruina muchos años de trabajo educativo y de esfuerzos conjuntos. Por contra, también es de destacar que la presencia de ciertas personas concretas, dotadas de un gran talante, ha permitido a muchos grupos scouts asentarse, participar en una entidad superior e incluso llegar a ser el motor de la comunidad en que se inscriben. Hay que añadir, además, que cuando un grupo scout trabaja bien, suele generar una capacidad de liderazgo basada en un núcleo potente de animadores formados y autosuficientes; esto conlleva la necesidad de una gran autonomía en su actividad, lo que puede provocar cierto recelo en las parroquias o en los Colegios que los acogen.

Por todo ello, en este repaso a las relaciones entre el Grupo X Scout y el Colegio del Pilar de Valencia destacan sobremanera los buenos momentos. Pese a que ha habido sus dificultades, la estabilidad, el trabajo conjunto y la confianza han marcado las relaciones entre ambas entidades. De todas maneras, presentaremos a continuación esos altibajos, y destacaremos también a ciertas personas que han ejercido como la semilla de la mostaza, que pese a ser una planta pequeña, extiende largamente sus raíces y dan ―han dado, en nuestro caso― a estas relaciones una estabilidad muy considerable.

Inicialmente, debemos decir desde nuestra particular opinión, que los marianistas han sido una orden religiosa muy abierta y muy inquieta. La Compañía de María-Marianistas fue creada en el año 1817 por el beato francés Guillermo José de Chaminade, sobre la base de la Congregación de la Inmaculada (1800), uno de los primeros movimientos de apostolado seglar creado en época contemporánea. A partir de ese momento, la apuesta por la educación de la infancia y de la juventud fue una de las características más notables del nuevo instituto religioso. En el caso de España, la Compañía se estableció hace casi 125 años, y desde el primer momento se dedicó a las tareas formativas. La educación marianista, siempre ha estado a la vanguardia en muchos aspectos: partir del niño en lugar de llegar al niño, respetar la persona, transmitir la fe de una manera vivencial y no únicamente de forma teologal o litúrgica, comprometerse activamente en el entorno social y animar a los jóvenes en el servicio a la sociedad, pueden ser algunos de sus carismas. Los marianistas siempre han integrado la realización de actividades complementarias en sus proyectos educativos: excursiones, el deporte, las Olimpiadas, visitas culturales o el Domund y la cena del hambre son simples ejemplos de este tipo de actividades. Por todo ello, no era difícil imaginar que la Compañía de María y el escultismo pudiesen entrecruzar sus caminos y, partiendo de algunas de estas bases comunes, ofrecer un proyecto educativo complementario; esto es, aprovechar las grandes potencialidades del escultismo para educar de una manera más completa a los jóvenes.

La apuesta que realizan las órdenes religiosas, (prácticamente todas las órdenes religiosas educativas: jesuitas, escolapios, maristas, marianistas, La Salle, …) por el escultismo como un método formativo integral válido y que contribuye a la formación de las personas que el mundo necesita, data de finales de los años cincuenta del siglo pasado. Incluso sabemos que algunos de los fundadores de los grupos scouts en colegios marianistas de los años cincuenta, ya estuvieron vinculados al escultismo en los años de la II República a través de los “Scouts Hispanos”, una rama confesional católica del escultismo español de entonces. Fue una breve experiencia, un intento de organizar asociativamente aquel escultismo, que acabó cesando en sus actividades con el comienzo de la guerra civil y que fue definitivamente prohibido a partir de 1939 por el franquismo.

El antecedente más visible lo constituye la autorización dada por el Consejo de Dirección del Colegio del Pilar de Madrid, en mayo de 1959, para la realización de un campamento scout y, por ende, para la creación de un grupo en el seno del Colegio. En el acta de la reunión, a la que tenemos acceso gracias al libro editado por el Grupo Scout Pilar de Madrid en su 50 aniversario, vienen dos detalles interesantísimos: “Se autoriza que organicen un campamento de verano siguiendo los métodos escultistas (…). Se les cede también la actual sala de peluquería para que puedan celebrar sus reuniones semanales”. Esto es, en todo momento sabían lo que hacían: conocían, pues, el método scout, y las necesidades de espacios del Colegio que requería dar amparo a un grupo scout. En Valencia, la creación del grupo en 1961 se vincula a una doble razón: la primera era esta confianza de los marianistas hacia el escultismo; y la segunda, la erección en 1958 y posterior consolidación de la Delegación Diocesana de Valencia. Que el grupo lleve el nombre de “X” (Décimo) Scout, se debe meramente al orden de creación de grupos en la Delegación de Valencia, en la que la inserción era total. Poco después, en abril de 1962, y siguiendo esa misma tendencia, el Colegio Nuestra Señora del Pilar, de Barcelona, creó otro grupo scout.

De lo que tenemos constancia es que las actividades de nuestro grupo las emprenden dos marianistas: Santiago Betolaza, ya fallecido, y Teodoro Villareal; y que, siguiendo las preferencias scouts, se enfoca hacia la unidad de tropa, más concretamente hacia los alumnos del segundo curso del antiguo bachillerato, esto era, los chicos de entre 13 y 14 años. Ahora bien, esta apuesta por el escultismo se debe enmarcar, como apuntamos páginas atrás, en la situación política de la época. En todo colegio existía el profesor de Formación del Espíritu Nacional ―de Política, vaya―, un falangista de pro que promovía el aprendizaje de la ideología franquista. Desde mediados de los años 50 se ofrecía a los alumnos del Colegio la posibilidad de asistir a los campamentos que el Frente de Juventudes organizaba en diversas localidades como Alborache (Valencia) o Fuenterrabía (Guipúzcoa). A finales de los años 50 hubo en los marianistas una opinión contraria a participar en estos campamentos, por el exceso de orientación franquista. Y por ello, podemos entender que la vocación hacia el escultismo se debiera a las ganas de buscar alternativas a los campamentos del Frente de Juventudes, lo que por entonces empezaba a ser posible.

También sabemos que en el Colegio existían y eran promovidas un buen número de actividades “extraescolares”. Había Club de Excursionismo, Club de Música, Club de Política, en la que los propios alumnos dirigían las actividades y las puestas en común. Durante muchos años hubo un club de montaña en el que se realizaban periódicamente excursiones. También era muy destacado el viaje cultural, normalmente a Barcelona, como viaje fin de curso, en el que a modo de excursión urbana se visitaban ciertos monumentos. A destacar por su vocación internacional fue el “Camping Europa 1965”, en el que por 5.500 pts. se organizó durante tres semanas de agosto la visita de Barcelona-Perpignan-Cannes-Mónaco-Milán-Venecia-Trento-Bolzano e Innsbruck, para volver vía Munich-Lucerna y Ginebra hasta Valencia.

Con todos estos antecedentes, podemos asegurar que la creación del Grupo X por los marianistas no fue fruto de una casualidad, sino que estuvo dentro de una corriente voluntaria y consciente. Ahora bien, toda actividad del Colegio exigía una implicación de personas, o como decimos ahora, una inversión en recursos humanos. De hecho, durante los diez primeros años el Colegio enviaba a un sacerdote a los campamentos para oficiar la misa diaria. Durante los años sesenta fue el Padre David Barrio sm. quien, sin ser oficialmente miembro del grupo, acampaba entre ellos como un scout más. Sin embargo, tenemos la impresión que la integración de los marianistas en el grupo scout no era casi nunca un proceso dirigido por la Comunidad. Como los traslados de los religiosos entre los diferentes colegios de la provincia eran habituales, muchos ya habían sido scouts en otros destinos anteriores y, por tanto, se integraban de forma natural; ése fue el caso de Rafa Boronat o de Rafa Mena, que ya lo habían sido previamente en Barcelona. Otros, por el contrario, se alejaban todo lo posible cuando les presentaban aquellos uniformes y las fuertes exigencias “extraescolares” que suponía ser scout. Cuando llegaban marianistas nuevos al colegio, los que ya eran del grupo scout se dirigían normalmente a los más jóvenes para intentar que se sumaran a él. La decisión siempre era individual y se basaba más en gustos o intereses particulares que en un proyecto estable y continuado de la Comunidad, aun cuando en ésta se discerniese la conveniencia o no de que los religiosos se integrasen. Eran tiempos de abundancia de vocaciones, y no era necesario pensar tanto las cosas…

Buena prueba del apoyo de los marianistas al Grupo X es la escasa implicación de otros grupos scouts para apoyar su nacimiento y marcha posterior. En los años sesenta era muy habitual que a los grupos nuevos acudieran scouts del III-Casa de los Obreros o del VII para ser jefes de patrulla y guiar inicialmente la consolidación del grupo. En el X, pese a que sí había contactos individuales, pues algunos alumnos del Colegio eran scouts de otros grupos ―caso de Jorge Stuick o Enrique Vidal―, prácticamente el único que se quedó a formar parte del grupo fue Miguel Company, que era scout del VII ―el de los Escolapios de la calle Carniceros―. El resto de jefes de patrulla eran los propios marianistas, y los alumnos de mayor edad del colegio.

A partir de 1965, en que se hace cargo de la jefatura Enrique Zudaire, el grupo scout sienta las bases para un funcionamiento estable y continuado: como acabamos de apuntar, al frente de las patrullas se integran tanto marianistas como chavales mayores cercanos a los diecisiete años, que ya han sido scouts y que ejercen de ayudantes de guía de patrullas. Al mismo tiempo, se integran algunos padres en funciones de cocineros e intendentes de material; se buscan unos locales de acceso directo desde el patio y se compra material de acampada. Durante este periodo, la relación con el Colegio es muy fructífera, aumenta significativamente el número de muchachos ―surge una manada de lobatos― y se crea un auténtico colectivo humano que trabaja para el grupo.

Sin embargo, no deberíamos dejarnos llevar por una visión excesivamente simplista, por positiva, de la colaboración del Colegio. Dentro del claustro de profesorado había muchos que no veían bien estos excesos de libertad. Algunos de los profesores de los años sesenta daban las clases con sus chaquetas negras y llegaban a dar una colleja poco cordial a los alumnos más ruidosos y menos disciplinados. “Los cuervos”, como eran llamados dichos profesores por los scouts de manera poco cariñosa, criticaban este tipo de actividades, que distraían de los verdaderos objetivos pedagógicos de un colegio, y muchas veces examinaban a los scouts con mayor exigencia que al resto de la clase, o al menos así se justificaban ante sus padres.

Los años setenta fueron especialmente contradictorios, porque tras la llegada de una gran hornada de marianistas vascos, existía un grupo numeroso de religiosos que criticaban abiertamente a Franco, que favorecían el sentido crítico de la juventud y que animaban a ésta a comprometerse activamente en la transformación del régimen político y social. En el Colegio del Pilar de Valencia convivían tanto personas con una cierta simpatía hacia la lucha de ETA contra el dictador, como los hijos de los gobernadores militares y de las élites dirigentes. Algunos de los marianistas encontraron en el grupo scout la herramienta ideal para desarrollar este proyecto político-religioso; y aunque no comprometieron a los chicos ni al grupo scout en ningún riesgo lesivo, sí que hacían verdadera lucha antifranquista fuera de las aulas. Probablemente de aquellos años venga cierto estilo scout en el que se promueve el espíritu crítico de forma exacerbada… Todo era sujeto a revisión, todo era susceptible de ser cuestionado y cambiado: el uniforme, la autoridad, alzar banderas…

En 1977, esta tensión irresoluble acabó superándose con la salida de la Compañía de las personas más exigentes hacia esta implicación; y también con la salida del grupo scout de los scouters más implicados. De todas maneras, la impresión que tenemos es que esto último no fue una apuesta estratégica de la Orden, sino más bien la decisión personal de Emilio Cárdenas, que era marianista y jefe de grupo y que, ante la necesidad de dejar Valencia por un cambio de destino, prefirió forzar la marcha de una parte importante de los animadores para evitar lo que a su juicio podrían llegar a ser males mayores. A finales de los años setenta, los marianistas iban reajustando lentamente su posición y, con ellos, el grupo scout. De forma continuada, en el grupo han estado implicados marianistas jóvenes, casi siempre menores de treinta años, y por tanto, los más inconformistas y los más utópicos. Muchos de ellos han acabado dejando la Orden, aunque creemos que no puede decirse que fuera como consecuencia de haber estado en el escultismo.

Los años ochenta trajeron una mayor estabilidad, en parte porque algunos de los religiosos del Colegio del Pilar ya habían sido previamente scouts en otros grupos y en otros colegios, y como bien llegaba a expresar Samuel Forcada: “Mi forma de compromiso scout es ser marianista”. Y en parte también porque los jefes que formaban el kraal eran personas muy cercanas al colegio. La marcha del X fue muy positiva, y la integración de los marianistas llevó a unos años de mucha tranquilidad y de buena sintonía. En el Colegio ya no existían otros grupos de aire libre que pudieran ser alternativa a los scouts, y el grupo disponía de los locales necesarios.

A finales de los años ochenta aconteció un hecho que tendría que llegar más pronto o más tarde: la falta de religiosos marianistas suponía que la jefatura del grupo scout pasara a manos directas de laicos y de antiguos scouts. En 1988, en un intento de transición, fue compartida durante un año entre Javier Coca (religioso) y Manolo Díez. Pero la “des-marianización” del grupo y de su jefatura era imparable, y Mari Carmen Palop fue, al año siguiente, la primera jefa de grupo que no era marianista. Este proceso tuvo otra consecuencia, y fue que la presencia de religiosos como animadores se hizo casi testimonial; se intentaba que siempre hubiera alguien en el kraal, pero su disponibilidad era bastante limitada. En los años noventa, tras la última jefatura de grupo religiosa-marianista hasta la fecha, que recayó en Miguel Ángel Jiménez, se sucedieron una serie de jefes de grupo laicos; mientras, la figura del consiliario capitalizó el esfuerzo por mantener una presencia por parte de la comunidad religiosa. Chema Felices fue el consiliario que llevó la relación del grupo con el colegio y los marianistas hasta la década siguiente, con presencia en camarillas y asambleas y una implicación activa en su funcionamiento.

La década siguiente se caracterizó por la presencia, y cada vez más débil, de un único religioso entre los animadores, así como por la progresiva disminución de la implicación del consiliario, que dejó de ser una figura con presencia. Todo ello acabó suponiendo la desaparición de los religiosos en el equipo de animadores durante varias rondas. Esta presencia en grupos juveniles de los marianistas ―cuya escasez, por otro lado, era cada vez más acuciante―, se concentró en otros colectivos, como Xaire. La dinámica se romperá varias rondas después, con la llegada de un joven religioso que había sido jefe de grupo al principio de la década: Vicente Benavent, una de las escasas vocaciones marianistas generadas en el seno del grupo X.

Sin embargo, por muy buenas relaciones que hubiera, la existencia de un grupo scout no suele colmar las aspiraciones de educación de la fe que habita en las diferentes órdenes religiosas. Al igual que los jesuitas o los escolapios, la Compañía de María empezó a plantearse la creación de otros movimientos de corte más espiritual o catequético, en los que a veces se aprovechaban los dinamismos de la animación al aire libre. Primeramente surgieron, en 1982, las Fraternidades Marianistas, comunidades de laicos basadas en el carisma marianista y dirigidas, en un primer momento, a jóvenes universitarios. Y pese a algunas suspicacias iniciales ―a los scouters de fraternidades se les reservó el apodo de “fragels”―, estos grupos no supusieron en ningún caso una competencia directa; antes al contrario, algunos jefes se integraron en este movimiento y viceversa, algunos “fraternos” pudieron entrar en el grupo scout como monitores. De hecho, en los últimos quince años, varios de los jefes del grupo han compaginado esa actividad con su pertenencia a las fraternidades marianistas.

Más delicada fue la creación de grupos para chicos de educación secundaria. Tras un primer intento ―“los cananeos”― por parte de Joaquín Briones “Quinito”, a finales de los años noventa se constituyeron los grupos “Xaire”, enfocados a la edad de 14 y 15 años, y que tienen una fundamentación catequética, pero con una dinámica de actividades, excursiones y acampadas muy similar a la del escultismo. De hecho, el Colegio recurrió a algunos antiguos scouters, con amplia y sólida experiencia en la animación juvenil, para poner en marcha este tipo de movimiento. Actualmente, estos grupos atienden a muchachos desde los 12 hasta los 18 años, se han extendido por todos los colegios marianistas a través de la red “Guinomai” y pueden considerarse un movimiento con ciertas similitudes con el escultismo y, por tanto, con el propio Grupo X.

Pese a lo anterior, podemos destacar con toda certeza, que la actividad organizada por el Colegio que más inconvenientes ha creado en el grupo scout han sido los deportes. No podemos ignorar la gran apuesta que han hecho los centros pilaristas por los deportes: según las modas o las capacidades humanas de los entrenadores, el Colegio del Pilar de Valencia ha destacado en el atletismo, el balonmano, el baloncesto, los patines, y cómo no, las Olimpiadas Marianistas. El conflicto, sin embargo, no ha venido ni por la base ideológica, ni por los entrenadores, ni siquiera por compartir los espacios. El problema concreto es que el sábado, bien por la mañana o bien por la tarde, coincidían los partidos y las reuniones scouts. Muchos chicos han tenido que acabar eligiendo entre una actividad u otra, y no por nada en especial, sino por incompatibilidad de horarios. De hecho, una actividad tan sagrada como es el campamento de Navidad del 26 al 30 de diciembre, únicamente ha sido alterada por la celebración en Valencia de las Olimpiadas Marianistas. Cuando durante esas fechas, el Colegio del Pilar ha sido el anfitrión, el grupo scout ha sido flexible y ha cambiado los días del campamento para poder celebrar éste y colaborar en la organización de aquélla.

Otra característica curiosa que queremos destacar, y que ha llevado a una mejor coexistencia del Grupo X con el Colegio en este nuevo siglo, es la gran cantidad de profesores jóvenes con un pasado scout, que han sido contratados para dar clase. Es verdad que siempre ha habido algún caso, pero nos atreveríamos a decir que en tiempos pasados fue un hecho circunstancial. La mayoría de los profesores que también eran del grupo scout, lo eran por ser marianistas. Sin embargo, en los últimos años el proceso ha sido al contrario: el Colegio ha confiado en varios animadores scouts para integrarse en el claustro de profesores. Es el caso de Manolo Díez, Iván Broseta, Nacho Ballesteros, Justo García o Luis Lonjedo, lo que sin duda evidencia el respeto y la aprobación del proyecto educativo y pedagógico del Grupo X Scout.

De todas formas, los matrimonios nunca deberían confiar en que la mutua coexistencia conserve la llama del amor. Es verdad que el Grupo X ha mantenido de manera bastante solvente la cantidad de miembros y de niños que quieren ser scouts. En la actualidad, simplemente con los hijos de aquellas personas que han sido scouts, podría mantenerse una numerosa manada. Es verdad que la calidad humana y pedagógica de los kraales ha sido muy consistente; difícilmente encontraremos un kraal ateo, antisistema o anarquista. Pero también es verdad que las orientaciones educativas de la Compañía de María y, por tanto, del Colegio, pueden variar y demandar una formación diferente a la que ofrece el escultismo. La historia nos dice que esta tensión es continuada, por lo que deberemos aprender de la historia y cuidar esta relación, por el bien mutuo de ambas instituciones.

  • Daniel Pajuelo
    #1 written by Daniel Pajuelo 1 year ago

    Gracias por esta historia, no exenta de tensiones, sin duda, pero llena de alegrías, grandes alegrías.
    Del Grupo X destacaría tres cosas que habéis sabido cuidar y que me parecen claves para que perdure siempre este feliz ‘matrimonio’ marianistas&scouts:

    1. La fidelidad a vuestra identidad católica. Aún con vuestras crisis habéis permanecido fieles a esta identidad que es sin duda la que nos mantiene más fuertemente unidos. Allí donde esta identidad se ha diluido o se ha convertido en algo ajeno y molesto la relación con la Compañía de María se ha deteriorado en extremo. Siempre me ha impresionado la calidad de la vivencia de la fe en muchos de los scouts del X, esa calidad se verifica en vuestra entrega, que me parece enorme. Entre vosotros he encontrado hombres y mujeres que ven la vida, las relaciones, la montaña, la educación con mirada de fe.

    2. Vuestra flexibilidad. Creo que la fidelidad a la identidad scout católica no es incompatible con la flexibilidad que permite adaptarse a las nuevas circunstancias, y así nos lo demostráis. Los tiempos cambian, habéis vivido dictadura, república y democracia, tiempos de muchos religiosos marianistas en vuestras filas, y tiempos de escasa presencia, tiempos de fuerte compromiso y tiempos de debilidad y cansancio. No os habéis aferrado al pasado, no lo habéis idealizado, no habéis culpado a otros de vuestros sufrimientos o errores. Perseverancia en lo fundamental, adaptación al cambio, serenidad, alegría profunda, convicción, amor por los jóvenes, por la educación, esperanza. Todo esto lo he visto en el X y de ello he querido ser contagiado.

    3. Vuestra humildad. Como en todo grupo siempre hay personas de todo tipo, pero entre vosotros es general el espíritu de humildad. Estáis altamente preparados y compartís con generosidad y sin arrogancia lo que sois y sabéis. En muchos niveles el colegio y la pastoral se han beneficiado de vuestro servicio, nunca habéis ‘pasado factura’ por ello. Yo he aprendido muchísimo de algunos/as de vosotros/as que habéis compartido conmigo vuestros conocimientos, formas de hacer, también vuestra amistad y cariño. Amáis el scoultismo pero no a costa de odiar otros movimientos o criticarlos. Sois todo un ejemplo, un germen de paz en el movimiento scout, que en otros muchos lugares se ha corrompido por esta falta de humildad.

    Destacaría muchas más cosas: el compromiso impresionante de las generaciones veteranas, de padres, antiguos alumnos… es impresionante y creo que os ha ayudado a no perder el sentido de quiénes sois, a sostener vuestro compromiso incluso en tiempos de escasez de ‘vocaciones scouts’. Vuestra participación en la eucaristía dominical centro y culmen de la vida cristiana de la comunidad colegial. Vuestra generosidad para compartir a vuestros mejores scouts es tantas iniciativas pastorales del cole. Destaco vuestro saber perdonar las veces que los marianistas no hemos estado a la altura, o hemos errado el tiro.

    Mientras escribo esto me vienen los nombres y rostros de gente estupenda. En el corazón a fuego algunos grabados. Sin buscarlo vuestra pañoleta, algo de vuestro ser, está también grabado en mi vida. Yo también he recibido mucho de vosotros y os doy las gracias. Scouts y Marianistas debemos al fin y al cabo dar gracias a Dios, que es quien nos sostiene y anima, quien en nuestra debilidad se hace fuerte.

    Sin duda el futuro de este ‘matrimonio’ también dependerá del número de religiosos. Yo sigo pidiendo a Dios que envíe obreros a su mies. También de entre vosotros. No somos muchos, ya lo sabéis, tampoco los mejores, pero hemos consagrado nuestra vida entera al servicio de María, y de su misión: traer a Jesús al mundo. Nosotros ponemos en juego toda nuestra vida, nuestro sueldo, sacrificamos tener una familia, y nos hacemos pobres y necesitados de Dios y de los hermanos, todo para ser semilla fecunda que siendo pequeña y en apariencia inútil llega a crecer tanto que puede dar cobijo a muchos: A alumnos y padres, feligreses, familias, a excluídos, a scouts, a Guinomai, a Senda, a catecúmenos, a enfermos, a jóvenes en búsqueda… Rezad también vosotros para que el Señor de la vida envíe obreros a dar vida.

    Yo me siento orgulloso de que en mi colegio, de que en nuestra obra de Valencia estéis vosotros al pie del cañón. Me siento seguro y tranquilo sabiendo que un buen grupo de jóvenes recibirán vuestra formación, me siento esperanzado porque muchos de ellos comprometerán sus vidas por la justicia y la paz, en su familia, en su trabajo, en la política, en el scultismo, la eduación, la catequesis… Sois misioneros, todos sois misioneros.

    Dani

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